¡Déjate conocer!
Necesitamos ancianos: mentores
Las cinco cosas que se esperan de mí como mentor
Háblame - Acércate - Tócame - Dímelo - Muéstramelo
HÁBLAME
Siempre deseé estar cerca de mis mayores, de mis abuelos, de mis papas y de mis profesores en mi niñez y juventud. Más que del saber estaba interesado en el vivir, me gustaba escucharlos, pasar tiempo con ellos, oír sus historias, sus cuentos y sus propias experiencias echas leyenda o las leyendas echas sus propias experiencias. Recuerdo a mi abuelo contarme de su encuentro con la "Siguanaba", de como esa mujer de pelo larguísimo golpeaba sus grandes pechos en las piedras del río y de su hijo el "Cipitío", muy pequeño, con un gran sombrero y con los pies hacia atrás. De aquella noche cuando se encontró con el "cadejo", podría ser negro o blanco, el negro era un animal malo, un demonio, parecido a un perro o a un lobo; ese era negro, cuando lo vio se le cayó el sombrero y providencialmente el sombrero cayó boca arriba, haciendo que el cadejo desapareciera frente a sus ojos. Sí, eran cuentos que describían su fantasía, su vida, su carácter, su idiosincrasia, a través de ello nos mostraban vida, emoción, pasión y carácter. Mi abuelita solía decirme siempre, "Usted esta creyendo lo que está pensando", cuando trataba de levantarse de la silla a la que la había atado con su delantal. Antes de morir, junto a su cama le canté "Mansión gloriosa hay allá en el cielo…" y "Cuando allá se pase lista…". En su lecho de muerte ella me preguntó si yo ya había recibido a Cristo; yo le contesté que sí, que ya hace varios años; que fue gracias a un tratado que ella me dio cuando tenía 19 años, leyéndolo una noche en la Escuela Militar me hizo hacer una oración a Dios pidiéndole que me salvará, que me perdonará, y me convertí. Sí, mis abuelitos fueron mentores para mí, afectaron mi vida.
Sí, necesitamos mentores: padres, abuelitos, profesores, pastores; ancianos de carácter, como el Apóstol Pablo con Timoteo, su hijo en la fe, a quien instruía, dándole consejos como estos que encontramos en el capitulo cuatro de primera de Timoteo: 12 "Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 13 Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza." 15 "Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren."
Con mi hijo aun estoy aprendiendo, mi esposa me recuerda siempre que tengo que dedicarle tiempo, hablar con él. Un día sábado vino a nuestro cuarto, aun estábamos acostados, el se acostó a la lado de su mamá y la abrazó, entonces yo aproveché para preguntarle sobre qué le gustaría hablar; mi esposa se sonrió, se levantó y se fue, yo me quede enfrascado en el intento de entablar una conversación que al final salió muy bien. Como familia acostumbramos conversar mientras comemos, entonces doy mis consejos, no son predicaciones, pero son momentos agradables con lo que se hace escuela, compartimos vida.
ACÉRCATE
Cuando hablaba con mi papá y él estaba leyendo el periódico, siempre contestaba escuetamente sin quitar el periódico de su cara, no le veía la cara; pero cuando él quería contarnos una noticia todos le escuchabamos, ha sido muy apasionado a las noticias y a leer el periódico. Yo también lo soy, yo leo muchos diarios digitales cada mañana y luego le cuento a la familia las noticias principales. Pero para hablar al corazón es necesario acercarnos, no podemos lograrlo siendo distantes, no basta con hablar. No fue sino hasta que estaba estudiando en bachillerato, con todos los problemas en los que me metía, que supo mi papá acercarse a mí. Aun recuerdo aquel día en el auto, después de las clases y de regreso a la casa, como él me daba sus consejos, sin regañarme, por lo malo que había hecho. Desde entonces mi papá ha sido un mentor para mí, aun sigue afectando mi vida. Recuerdo el año pasado, agosto del 2007, desayunando en su casa de la ciudad de Sonsonate, él siguió impactando mi vida con su testimonio; nos contó, con lujo de detalles, cómo llego a través de vencer tantos obstáculos: con mucho esfuerzo, con ambición y sacrificio, desde su pobreza; a llegar a ser quién es y hacer lo que ha hecho, un hombre con mucha riqueza intelectual y espiritual, digno de ser imitado.
Acercarse es llegar a ponernos a la altura del otro, de agacharnos, sin aire de superioridad. De mostrar interés no solo por el tema de la conversación sino también por la persona con quien conversamos.
TÓCAME
El contacto físico no se refiere solamente a dar unas palmaditas en la espalda o en el hombro, sino aun el contacto directo con los ojos y con la parte derecha del cerebro, la de las emociones, para que realmente sea un contacto afectivo.
Es interesante lo que nos enseña la neuropsicología sobre la comunicación emocional a través del ojo izquierdo, pues el ojo izquierdo es el que está conectado con la parte derecha del cerebro, por lo que el ojo izquierdo del emisor se comunica con el ojo izquierdo del receptor, comunicando emocionalmente varias veces por segundo, sin que seamos consientes de dicha comunicación y logrando así producir los mismos niveles químicos y hormonales entre emisor y receptor, lo que redunda en la sincronía del estado emocional. Así es como podemos explicar el porque de los enamorados o del amor a primera vista, también acerca del poder de la seducción con solo saber usar las miradas. Ahora entiendes por qué la chicas se derriten con tus miradas o el por qué tú te consumes con la de ellas.
Pero bueno, sigamos con nuestro tema, pues ya nos estamos poniendo calientes. Hablamos de la necesidad de tocar, de hacernos sentir, de implicarnos emocionalmente y no tan solamente racional o protocolar. Son muchos los que hacen preguntas solo por cortesía pero sin verdaderamente estar interesados, cuando lo hacen por escrito ya sea por cartas o correo electrónico no lo podemos percibir, pero cuando es personal mira a los ojos, pues en tan solo un segundo lo podrás saber.
Recuerdo que alguien me contó sobre la práctica de Leo, un reconocido evangelista, que en una de sus campañas les invitó a ir a tocar gente: "Vamos a tocar gente", les dijo, y a continuación comenzó a poner su mano en los hombros o espaldas de la gente, pues él creía en el poder emocional del tocar. Quizá por eso dice la canción: "Tócame suavemente…"
Un mentor tiene que saber tocar a sus protegidos, tiene que hacerse sentir, no solo con sus palabras sino también con sus emociones. En esta categoría de personas que han influido en mi vida como mentores, podría mencionar a algunos como mi Mamá y mi Papá, pero también a mis hermanas, especialmente mi hermana mayor, quienes han sabido tocar con sus ojos y sus lagrimas; pues en nuestra familia no nos acostumbramos a mostrarnos el afecto físicamente, pero sí con el poder de las miradas. Entre mis amigos son varios, muy queridos por cierto, aquellos que saben mostrarme su aprecio y darme sus consejos acompañados siempre de unas palmaditas, ya sea en el hombro o el trasero, y por cierto que aprecio los consejos aun de quienes son muy fríos al darlos, pero no hay como los consejos de quienes saben tocarme.
Ahora recuerdo de nuevo a Leo Humphrey, cuando en una ocasión muy crítica de mi vida me llamó por teléfono, yo estaba en Los Estados Unidos, en Houston, habíamos salido de Rumania y no sabíamos si regresaríamos. En esos momentos estábamos siendo abandonados de muchos, hasta de buenos amigos, pero la llamada de Leo y su consejo supieron tocarme a tiempo, pues fue clave para seguir adelante en nuestra misión en Rumania. Su consejo me animo a sobrepasar el temor infundado de pagar el precio de rebelarnos a algunas autoridades y aun de perder a buenos amigos para poder obedecer a nuestras convicciones y al llamado de Dios. Esta clase de consejo solamente lo puedes seguir de alguien que ha sabido tocarte.
Continuará...